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Hay una conversación que se repite mucho en torno a la maternidad. Y tiene que ver con el agotamiento, con la carga, con todo lo que se renuncia, con la necesidad de tiempo para una misma.

Y todo eso es real. No lo voy a negar.

Pero hay algo que casi nunca aparece en esa conversación. Algo que me parece igual de importante y que se nombra muy poco.

Que dentro de la maternidad, también se puede disfrutar. Y que aprender a encontrar ese disfrute —dentro de lo que ya está, sin esperar a que llegue el momento ideal— es una de las cosas que más cambia la experiencia de maternar.

Hoy quiero hablar de eso.

La trampa del «cuando»

Hay una manera de vivir la maternidad que consume mucha energía sin que nos demos cuenta.

Es la del «cuando».

Cuando mis hijos sean más mayores y pueda dormir bien. Cuando el verano y tengamos más tiempo. Cuando terminen las extraescolares. Cuando consiga ese rato para mí. Cuando pasen estos meses tan intensos.

Y mientras esperamos ese «cuando», la vida pasa. Los niños crecen. Los momentos se quedan sin habitar.

No lo digo para culparte. Lo digo porque me parece importante nombrarlo: hay una tendencia muy humana a vivir añorando lo de antes o esperando lo de después, y a dejar el presente pasar de largo.

La maternidad activa eso con mucha fuerza. Porque hay momentos muy duros, muy intensos, muy exigentes. Y la cabeza busca refugio en otro tiempo, en otra versión de la vida, en la no-madre que podía hacer otras cosas con más libertad.

Pero ese refugio tiene un coste. Porque mientras estamos mentalmente en otro lado, lo que hay aquí se escapa.

Qué significa realmente recargar las pilas

Cuando hablamos de autocuidado en la maternidad, la imagen que aparece casi siempre es la misma: tiempo a solas, un paseo sin niños, yoga, gimnasio, cena con amigas.

Y todo eso está muy bien. El tiempo para una misma es necesario y hay que buscarlo.

Pero hay algo que se queda fuera de esa imagen. Y es que recargar las pilas no solo pasa cuando estás fuera. También puede pasar cuando estás dentro.

Dentro del caos, dentro del día a día, dentro de lo que ya tienes.

Hay momentos que recargan y que suceden con los niños. Un juego que empieza sin querer y que te lleva a un lugar de ligereza que no esperabas. Una conversación en el baño antes de dormir, una sonrisa por la mañana. Un rato dibujando juntos, pintando, cocinando, cantando, lo que sea que a ti te conecta.

Esos momentos no son un descanso de la maternidad. Son la maternidad. Y también recargan.

La diferencia está en si estás presente en ellos o no, en sí eres capaz de integrar esas vivencias desde el disfrute y desde el placer. Desde aceptar la realidad que vives, sin esperar que sea distinta para empezar a disfrutarla.

Lo que pasa cuando estamos presentes de verdad

Voy a contarte algo que me ha pasado a mí y que he visto pasar muchas veces en las madres con las que trabajo.

Hay actividades que solas no haríamos, o que en otro contexto nos parecerían una pérdida de tiempo. Pero dentro de la maternidad, con los hijos, se convierten en algo diferente.

A mí me pasa con el dibujo con la lectura de cuentos. Cuando dibujamos juntas, algo en mí se aquieta. Me paro. Escucho lo que me cuentan mientras dibujan. Y me doy cuenta de que sin ese momento, yo no me habría sentado a dibujar y que es algo que me gusta..

También me pasa cuando paseamos juntas. O cuando les leo un cuento antes de dormir. Son momentos que en apariencia son para ellas, pero que a mí también me hacen algo. Me sacan del enfado cuando venía enfadada. Me bajan el ritmo cuando venía con prisa. Me recuerdan que hay otro tempo posible dentro del mismo día.

No lo hago por obligación. Lo hago porque me genera calma. Porque en ese rato estoy presente de una manera que no siempre consigo en otras situaciones. Porque me recarga.

Y hay algo más que quiero nombrar, porque creo que cambia mucho cómo vivimos estos momentos: cuando estamos presentes con nuestros hijos no estamos perdiendo el tiempo. Estamos ganando algo que no tiene precio. Estamos ganando conexión con ellas. Nos estamos conociendo mejor —a ellas y a nosotras mismas dentro de esa relación— y eso construye vínculo a largo plazo. Un vínculo que es el suelo firme desde el que ellas van a crecer y desde el que nosotras también vamos a sostenernos en los momentos más difíciles.

¿Qué es eso para ti? ¿Qué actividad, qué tipo de momento con tus hijos te deja más llena que vaciada?

Esa pregunta merece tiempo. Porque la respuesta dice mucho sobre dónde puedes encontrar energía dentro de lo que ya tienes.

Poco hablamos del disfrute con los hijos

Hay una narrativa muy potente alrededor de la maternidad que habla de la carga, del esfuerzo, de la renuncia. Y esa narrativa tiene mucho de verdad.

Pero cuando es la única narrativa, pasa algo complicado: empezamos a anticipar la maternidad como algo que hay que aguantar. Y esa anticipación lo tiñe todo. Hace que estemos en guardia, que el cuerpo esté en tensión antes de que pase nada, que nos sea más difícil abrirte a lo que hay.

El disfrute con los hijos no se habla. Casi da pudor decirlo en un mundo donde se normaliza quejarse de la maternidad pero no se habla tanto de lo que da.

Y da mucho. No siempre. No de manera uniforme. Pero da.

Esos momentos en los que te ríes de verdad. En los que te sorprende lo que dicen. En los que te miran de una manera que no existe en ningún otro vínculo. En los que algo de ellos te enseña algo de ti que no sabías.

Nombrarlo no es negar la dificultad. Es ampliar el cuadro.

La maternidad también es elección

Hablo mucho de renuncia con las madres. De que ser madre implica renunciar a cosas. Y eso es verdad.

Pero también les pregunto esto: ¿cuántas elecciones en la vida no implican renunciar a algo?

Elegir una pareja implica renunciar a otras. Elegir un trabajo implica renunciar a otras opciones. Elegir vivir en una ciudad implica no vivir en otra. Elegir descansar esta tarde implica no avanzar en otro proyecto.

Toda elección trae renuncia. Eso no es un defecto de la maternidad. Es una característica de la vida.

Lo que sí podemos hacer es pararnos a pensar: ¿qué valoro yo ahora mismo? ¿Qué requiere este momento de mi vida? ¿Dónde pongo mi energía para que no se agote antes de tiempo?

Porque el agotamiento materno muchas veces no viene solo de hacer demasiado. Viene de hacer demasiado desde la resistencia. De estar haciendo algo mientras mentalmente estás en otra parte, deseando que termine.

Cuando lo que haces y donde estás van en la misma dirección el cuerpo lo aguanta de otra manera.

Tres preguntas para encontrar tu recarga dentro de lo que hay

No te voy a dar una lista de cosas que hacer. Porque lo que recarga a una madre no es lo mismo que lo que recarga a otra. Y porque creo más en las preguntas que en los consejos genéricos.

Estas tres preguntas son para quedarte con ellas un rato:

¿Qué momentos del día con tus hijos te dejan con más energía que con menos?

¿Hay algo que disfrutas que podrías hacer con ellos, aunque sea de manera imperfecta?

¿Cuándo fue la última vez que estuviste de verdad presente en un momento con tus hijos? Sin el móvil, sin la cabeza en otra parte. ¿Qué pasó en ese momento?

Las respuestas a esas preguntas te dicen dónde tienes energía disponible que quizás todavía no estás aprovechando.

Lo que quiero que te lleves

La maternidad tiene momentos muy duros. Eso no cambia.

Pero también tiene momentos que pueden ser fuente de energía, de conexión, de algo que no se encuentra en ningún otro lugar de la vida.

Recargar las pilas no es solo irte. También es aprender a estar dentro de otra manera. A encontrar los pequeños momentos que dan, no solo los que quitan. A estar presente cuando vale la pena, no solo en las rutinas y en los momento que hay que tirar del carro. Sino en momentos de goce, de disfrute, de juego, de mirar, de quietud…

Eso no se consigue de un día para otro. Pero empieza con una pregunta y con el permiso de que el disfrute también tiene su lugar en la maternidad.


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